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Trastorno Bipolar

Mi experiencia personal de las relaciones, a menudo conflictivas, entre el rol de teórico y el de artista

Archivo de Pequeño trastorno

Entre el paisaje y el retrato.

Variaciones Solaris, Variación nº 1, 2009

Últimos pases de Las Variaciones Solaris, Variación nº 1. Caigo en la cuenta de la plausible pertenencia de la obra a otro género pictórico clásico, el retrato. Al inicio del audiovisual, Solaris es el fondo de ninguna figura, y opera, por tanto, como esa especie de amalgama visual abstracta que se extiende en muchos cuadros entre la figura y el marco.

Pero en algún momento el fondo deviene figura. Se transforma en un objeto parcialmente reconocible. Descubrimos entonces el fondo del fondo. El fondo final. Profundo negro cósmico salpicado de estrellas con el que, sin duda, estarán familiarizados algunos habitantes sensibles del universo, aparte de los seres humanos. Supongo.

Y la figura en la que se convierte entonces Solaris se resuelve en un retrato. La representación quizá imposible, de un individuo original y único. Carente de rostro aunque no enteramente de faz o semblante.

Me parece una curiosa circunstancia que el mundo y a la vez personaje descrito por Stanislaw Lem en su célebre novela, este asombroso planeta, que actúa como pintor y escultor abstracto de su propio cuerpo, acabe por revelarse a los científicos que lo estudian, como el más realista, el más completo, de los retratistas. Que acabe por manifestarse como un incomprensible Dios replicador.

Entre el paisaje y el retrato, el paisaje que deviene retrato y el retrato que deviene paisaje, me debato.

Las Variaciones Solaris podrá contemplarse en la sala Amárica de Vitoria hasta el día 4 de junio, formando parte de la muestra Quid Pro Quo comisariada por Diego Soroa.

Fundido al fondo.

Fundido al fondo, de Rubén Díaz de Corcuera.

El Solaris de Tarkovski comienza con la visión, en cierto modo anticipatoria, de un estanque. Ese estanque sobre el que se demora la cámara, resulta, en mi opinión, tan inasequible, tan refractario, como la ameba autista de dimensiones planetarias, el ser súper inteligente pero indescifrable, que aparece más tarde como fondo protagonista del filme.

Alguien ha dicho que la abstracción son los fondos elevados a la categoría de tema. Lo cual en este filme se muestra ejemplarmente.

El fondo: metáfora de la masa significante, el continuum que oculta lo real inalcanzable. El fondo, vieja aspiración mística de generaciones de artistas. Integrarse al fondo. Adherirse íntimamente a lo Real.

Fundido al fondo. Febrero de 2010.

Entre el conceptualismo y la sensualidad.

Tonto como un pintor, decía un aforismo francés. Pintura retiniana, según la célebre descalificación de mi admirado Duchamp. Sólo que lo retiniano no existe. Sólo que lo retiniano no es nada. Y los Nenúfares en el estanque de Monet son tan cerebrales en su género como La crítica de la razón pura de Kant.

Lo sensual, aquello que no se puede reducir ni traducir. Lo sensual, aquello que nos opone, en ese sentido, una resistencia invencible. 

Denostar la sensualidad es privarse gratuitamente de un encuentro placentero con la cosidad de las cosas.

Después de todo, quizá se trate de un acto reflejo, una respuesta evolucionada y más certera a la opacidad del ser.

Entre la expansión y la repetición.

Expandir la pintura, expandir la representación, expandir el cine, expandir la abstracción. Expandir lo que sea. Expandir: del latín expandere, abrir fuera.

Con respecto a expandir, en principio estoy a favor.

Aunque lo bueno para el alma es repetirse (”Lo ideal es poder repetirse como Bach“, decía Cioran), aquietar el ánimo, oponer una letanía a la ansiedad.

No innovar en el marco, no cambiar las reglas del juego, no cambiar de juego, no expandir más. Sino más bien, lo contrario, impandir, es decir, abrir dentro (sintomático que nuestra lengua no conozca esta palabra).

La novedad me cansa. Como me puede dar pereza, por ejemplo, viajar, exponerme a la novedad de siempre, exponerme a la repetición de la novedad, lo que ya denunciaba Fernando Pessoa, poeta impansivo por excelencia, poeta, en fin, del heterónimo, del alter ego trip.

Pero, a veces, también estos impasse en los que puedo vivir largas temporadas me crean un conflicto. A veces, es cierto, no queda más remedio que traicionarse, abandonar las propias filas y ponerse a la labor de expandir. Me calzo entonces las gafas de teórico e intento alcanzar otra perspectiva, otro nivel de concepción, encontrar un borde otro que pueda apetecerme, en el mejor de los casos, traspasar.

Abrir otro campo de experimentación en su género, otro género en realidad, otra área de impansión, nuevo terreno desbrozado para los nuevos cultivos del artista, que es el que se toma, después de todo, el trabajo de hacer.

Entre estos dos polos, expandir e impandir, me debato.

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