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Trastorno Bipolar

Mi experiencia personal de las relaciones, a menudo conflictivas, entre el rol de teórico y el de artista

Archivo de Gran trastorno.

Entre la realidad y el mundo.

El Mundo y la Realidad subyacente o trascendente

La metafísica me parece la larga historia de los comentarios a la bipolaridad Realidad/Mundo introducida en el debate de las ideas por los primeros filósofos, Parménides y Heráclito.

Parménides es el primer enunciador del principio de actualidad y conservación del Ser. Nada puede escapar, ni limitar, ni ser anterior o posterior al Ser. El Ser no es antes ni después, el Ser es ahora. El Ser no es esto o aquello sino lo común a la totalidad presente, lo incomparable, lo indiferenciado. Para Parménides la riqueza del Mundo, la amplia variedad de la cosas y de las relaciones entre las cosas con la que nos manejamos, no debe ocultarnos la extrema pobreza del Ser, que es uno y el mismo.

Heráclito propone el enfoque contrario. La pobreza corresponde al Mundo, ese esquema con el que opera nuestra mente y que constituye nuestro precario nivel de acceso a la Realidad. El proceso de abstraer, operación característica del entendimiento, nos sume en un error constante. Porque en las cosas, definitivamente, lo que reina es el cambio. Heráclito no ve en en los contenidos parciales del Ser nada más que la permanente y pura diferencia y, por tanto, una riqueza infinita, sobre la que la mente opera una falseadora labor reduccionista. La Realidad es cambiante, la totalidad fluye. El Mundo es el dique que la mente opone a tal caudal de movimiento interno, de mutación. Y el Ser es el pilar más hueco sobre el que se apoya la estructura de ese Mundo en relación a la Realidad.

A Parménides o a Heráclito, pueden adscribirse la mayoría de los filósofos. A uno o a otro. No hay síntesis posible a este gran trastorno bipolar, del que, me parece, aún no se recupera Occidente.

Entre la corrupción y la pureza.

El retrato de Dorian Grey, Albert Lewin, 1945

Nos entregamos a este gran trastorno. Sucumbimos a él. No nos resistimos a una corrupción que puede reconducirnos de nuevo a la senda de la pureza. Y viceversa.

La corrupción se mueve bajo nuestros pies como esas placas de hielo ártico que unas veces te alejan y otras te acercan a la entelequia del polo norte geográfico, ese lugar puro, ese puro lugar.

La pureza tiene semejante capacidad movilizadora. En su nombre se emprenden las más arriesgadas expediciones. Y se producirán también catástrofes irreparables y crímenes.

Una cuestión interesante sobre la dialéctica puro-corrupto me la proporciona Pep Agut: ¿es la pureza anterior a la corrupción o es la corrupción anterior a la pureza? ¿sobreviene la pureza a instancia de la corrupción o viceversa?

Yo pienso que la corrupción es antes. Que persevera y gana. Y que la pureza es provisional, escurridiza, efímera.

A favor del aura.

Charles Aznavour y su copia en cera.jpg

El aura, concepto central de la estética de Benjamin, no es algo que pierda el original a instancia de su reproducción, sino que se trata precisamente del déficit característico de la copia. Por causa de la reproducción, lo que se atrofia, o más bien se extravía, no es el aura del original sino el aura de la reproducción misma. Dicho de otro modo, la reproducción carece de aura, aunque quizá sólo en la medida en que remite a un origen que no incorpora. O sea, en relación a una falta.

El aura: la más subjetiva de las cuestiones que afectan a la consideración de la obra de arte como cosa extraordinaria. No porque se carezca de elementos objetivos en la discriminación de original y copia. Sino porque se trata de aquello por lo cual la mera consideración de original, aunque sea erroneamente atribuida, condiciona una experiencia diferente.

En todo caso, donde quiera que se la halle y cualquiera que sea su temperatura, me manifiesto a su favor.

Entre lo singular y el kitsch.

Viajero frente a un mar de nubes, de Kaspar Friedrich.

Escribe Rosalind Kraus:

Es absolutamente obvio que la propia noción de paisaje se construye, a través del expediente de lo pintoresco, como un segundo término cuyo antecedente es una representación [...] aunque lo singular y lo formulario o repetitivo puedan ser semánticamente opuestos, no obstante, son condiciones el uno del otro: las dos caras lógicas del concepto paisaje. La anterioridad y la repetición de imágenes pictóricas es condición necesaria de la singularidad de lo pintoresco, ya que para el espectador la singularidad depende de que sea reconocida como tal, un re-conocimiento que sólo es posible en virtud de un ejemplo anterior.

En conclusión: según Kraus, el paisaje se construye, es un boceto que se fabrica trabajosamente. La repetida representación instituye a un tiempo el motivo y la sensibilidad necesaria para abordarlo.

De acuerdo: El paisaje es un estado del alma, según célebre apotegma del post romántico Henri F. Amiel. Pero un estado del alma definitivamente afectado por el mismo paisaje, enervado por una representación que pugna por consolidarse. Y la representación plenamente consolidada, la experiencia estética totalmente prescrita, eso sería, por el contrario, el kitsch.

Yo también, entre lo singular apenas conquistado y el kitsch que finalmente lo engullirá todo, me debato.

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