Mi experiencia personal de las relaciones, a menudo conflictivas, entre el rol de teórico y el de artista
Archivo de General
27 de Febrero de 2010 | 1:12 am a las 1:12 am · Clasificados en General por Rubén Díaz de Corcuera
Pensando en el sentido del fondo, me vienen a la cabeza un par de imágenes. Una fotografía de Roberto Botija sobre la que ya reflexioné antes y en otro lugar, y que capta la fusión casi total del cadáver de una cabra a un suelo encharcado. Y el célebre cuadro de John Everett Millais titulado Ofelia, donde se produce también cierto comercio entre un cuerpo exánime y su fondo, esta vez un feraz bosque atravesado por un arroyo.
La integración al fondo no es sino la desintegración de la figura, es decir, del cuerpo. El fondo, a su vez, me parece el límite de la intuición sensible, el tope con el que se encuentra, a distancia, el pensamiento, una de cuyas manifestaciones es la percepción.
De lo cual se puede extraer, al menos, una conclusión. La pintura y las artes fotográficas hacen cohabitar fondo y figura sobre la misma superficie. Producen este hecho sorprendente: el cuerpo limitando con lo inalcanzable. Lo que no puede suceder nunca en los mundos de vida, donde a todo fondo próximo o incluso contiguo, subyace siempre un fondo lejano, un fondo que se presume, acertadamente, más allá.
Y a este respecto, debemos mencionar, precisamente, el más insólito y evocador de los encuentros de una figura con el Fondo. Me refiero a la famosa escena del velero al final del largometraje El show de Truman de Peter Weir. Aquel instante mágico de la colisión del barco de Truman con la gran esfera, inesperado topetazo con los confines del gigantesco escenario en el que había transcurrido hasta ese momento su existencia vigilada.

Por fin, tocar el fondo, acceder al límite por excelencia. Colocarse en la última frontera y disponer, siquiera metafóricamente, del privilegio de cruzarla, es decir, de trascender (del latín trans cendere, ir más allá).
1 de Febrero de 2010 | 12:58 am a las 0:58 am · Clasificados en General, Gran trastorno. por Rubén Díaz de Corcuera

El aura, concepto central de la estética de Benjamin, no es algo que pierda el original a instancia de su reproducción, sino que se trata precisamente del déficit característico de la copia. Por causa de la reproducción, lo que se atrofia, o más bien se extravía, no es el aura del original sino el aura de la reproducción misma. Dicho de otro modo, la reproducción carece de aura, aunque quizá sólo en la medida en que remite a un origen que no incorpora. O sea, en relación a una falta.
El aura: la más subjetiva de las cuestiones que afectan a la consideración de la obra de arte como cosa extraordinaria. No porque se carezca de elementos objetivos en la discriminación de original y copia. Sino porque se trata de aquello por lo cual la mera consideración de original, aunque sea erróneamente atribuida, condiciona una experiencia diferente.
En todo caso, donde quiera que se la halle y cualquiera que sea su temperatura, me manifiesto a su favor.
31 de Diciembre de 2009 | 3:34 pm a las 15:34 pm · Clasificados en General, Pequeño trastorno por Rubén Díaz de Corcuera

El Solaris de Tarkovski comienza con la visión, en cierto modo anticipatoria, de un estanque. Ese estanque sobre el que se demora la cámara, resulta, en mi opinión, tan inasequible, tan refractario, como la ameba autista de dimensiones planetarias, el ser súper inteligente pero indescifrable, que aparece más tarde como fondo protagonista del filme.
Alguien ha dicho que la abstracción son los fondos elevados a la categoría de tema. Lo cual en este filme se muestra ejemplarmente.
El fondo: metáfora de la masa significante, el continuum que oculta lo real inalcanzable. El fondo, vieja aspiración mística de generaciones de artistas. Integrarse al fondo. Adherirse íntimamente a lo Real.
Fundido al fondo. Febrero de 2010.
13 de Diciembre de 2009 | 2:04 pm a las 14:04 pm · Clasificados en General, Gran trastorno. por Rubén Díaz de Corcuera

Escribe Rosalind Kraus:
Es absolutamente obvio que la propia noción de paisaje se construye, a través del expediente de lo pintoresco, como un segundo término cuyo antecedente es una representación [...] aunque lo singular y lo formulario o repetitivo puedan ser semánticamente opuestos, no obstante, son condiciones el uno del otro: las dos caras lógicas del concepto paisaje. La anterioridad y la repetición de imágenes pictóricas es condición necesaria de la singularidad de lo pintoresco, ya que para el espectador la singularidad depende de que sea reconocida como tal, un re-conocimiento que sólo es posible en virtud de un ejemplo anterior.
En conclusión: según Kraus, el paisaje se construye, es un boceto que se fabrica trabajosamente. La repetida representación instituye a un tiempo el motivo y la sensibilidad necesaria para abordarlo.
De acuerdo: El paisaje es un estado del alma, según célebre apotegma del post romántico Henri F. Amiel. Pero un estado del alma definitivamente afectado por el mismo paisaje, enervado por una representación que pugna por consolidarse. Y la representación plenamente consolidada, la experiencia estética totalmente prescrita, eso sería, por el contrario, el kitsch.
Yo también, entre lo singular apenas conquistado y el kitsch que finalmente lo engullirá todo, me debato.