Entre la corrupción y la pureza.
Nos entregamos a este gran trastorno. Sucumbimos a él. No nos resistimos a una corrupción que puede reconducirnos de nuevo a la senda de la pureza. Y viceversa.
La corrupción se mueve bajo nuestros pies como esas placas de hielo ártico que unas veces te alejan y otras te acercan a la entelequia del polo norte geográfico, ese lugar puro, ese puro lugar.
La pureza tiene semejante capacidad movilizadora. En su nombre se emprenden las más arriesgadas expediciones. Y se producirán también catástrofes irreparables y crímenes.
Una cuestión interesante sobre la dialéctica puro-corrupto me la proporciona Pep Agut: ¿es la pureza anterior a la corrupción o es la corrupción anterior a la pureza? ¿sobreviene la pureza a instancia de la corrupción o viceversa?
Yo pienso que la corrupción es antes. Que persevera y gana. Y que la pureza es provisional, escurridiza, efímera.