
El Solaris de Tarkovski comienza con la visión, en cierto modo anticipatoria, de un estanque. Ese estanque sobre el que se demora la cámara, resulta, en mi opinión, tan inasequible, tan refractario, como la ameba autista de dimensiones planetarias, el ser súper inteligente pero indescifrable, que aparece más tarde como fondo protagonista del filme.
Alguien ha dicho que la abstracción son los fondos elevados a la categoría de tema. Lo cual en este filme se muestra ejemplarmente.
El fondo: metáfora de la masa significante, el continuum que oculta lo real inalcanzable. El fondo, vieja aspiración mística de generaciones de artistas. Integrarse al fondo. Adherirse íntimamente a lo Real.
Fundido al fondo. Febrero de 2010.