Entre el conceptualismo y la sensualidad.

Tonto como un pintor, decía un aforismo francés. Pintura retiniana, según la célebre descalificación de mi admirado Duchamp. Sólo que lo retiniano no existe. Sólo que lo retiniano no es nada. Y los Nenúfares en el estanque de Monet son tan cerebrales en su género como La crítica de la razón pura de Kant.
Lo sensual, aquello que no se puede reducir ni traducir. Lo sensual, aquello que nos opone, en ese sentido, una resistencia invencible.
Denostar la sensualidad es privarse gratuitamente de un encuentro placentero con la cosidad de las cosas.
Después de todo, quizá se trate de un acto reflejo, una respuesta evolucionada y más certera a la opacidad del ser.