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Trastorno Bipolar

Mi experiencia personal de las relaciones, a menudo conflictivas, entre el rol de teórico y el de artista

Entre el paisaje y el retrato.

Variaciones Solaris, Variación nº 1, 2009

Últimos pases de Las Variaciones Solaris, Variación nº 1. Caigo en la cuenta de la plausible pertenencia de la obra a otro género pictórico clásico, el retrato. Al inicio del audiovisual, Solaris es el fondo de ninguna figura, y opera, por tanto, como esa especie de amalgama visual abstracta que se extiende en muchos cuadros entre la figura y el marco.

Pero en algún momento el fondo deviene figura. Se transforma en un objeto parcialmente reconocible. Descubrimos entonces el fondo del fondo. El fondo final. Profundo negro cósmico salpicado de estrellas con el que, sin duda, estarán familiarizados algunos habitantes sensibles del universo, aparte de los seres humanos. Supongo.

Y la figura en la que se convierte entonces Solaris se resuelve en un retrato. La representación quizá imposible, de un individuo original y único. Carente de rostro aunque no enteramente de faz o semblante.

Me parece una curiosa circunstancia que el mundo y a la vez personaje descrito por Stanislaw Lem en su célebre novela, este asombroso planeta, que actúa como pintor y escultor abstracto de su propio cuerpo, acabe por revelarse a los científicos que lo estudian, como el más realista, el más completo, de los retratistas. Que acabe por manifestarse como un incomprensible Dios replicador.

Entre el paisaje y el retrato, el paisaje que deviene retrato y el retrato que deviene paisaje, me debato.

Las Variaciones Solaris podrá contemplarse en la sala Amárica de Vitoria hasta el día 4 de junio, formando parte de la muestra Quid Pro Quo comisariada por Diego Soroa.

Entre la corrupción y la pureza.

El retrato de Dorian Grey, Albert Lewin, 1945

Nos entregamos a este gran trastorno. Sucumbimos a él. No nos resistimos a una corrupción que puede reconducirnos de nuevo a la senda de la pureza. Y viceversa.

La corrupción se mueve bajo nuestros pies como esas placas de hielo ártico que unas veces te alejan y otras te acercan a la entelequia del polo norte geográfico, ese lugar puro, ese puro lugar.

La pureza tiene semejante capacidad movilizadora. En su nombre se emprenden las más arriesgadas expediciones. Y se producirán también catástrofes irreparables y crímenes.

Una cuestión interesante sobre la dialéctica puro-corrupto me la proporciona Pep Agut: ¿es la pureza anterior a la corrupción o es la corrupción anterior a la pureza? ¿sobreviene la pureza a instancia de la corrupción o viceversa?

Yo pienso que la corrupción es antes. Que persevera y gana. Y que la pureza es provisional, escurridiza, efímera.

Encuentro con el fondo.

Pensando en el sentido del fondo, me vienen a la cabeza un par de imágenes. Una fotografía de Roberto Botija sobre la que ya reflexioné antes y en otro lugar, y que capta la fusión casi total del cadáver de una cabra a un suelo encharcado. Y el célebre cuadro de John Everett Millais titulado Ofelia, donde se produce también cierto comercio entre un cuerpo exánime y su fondo, esta vez un feraz bosque atravesado por un arroyo.

Ofelia muerta de J. Everett Millais

La integración al fondo no es sino la desintegración de la figura, es decir, del cuerpo. El fondo, a su vez, me parece el límite de la intuición sensible, el tope con el que se encuentra, a distancia, el pensamiento, una de cuyas manifestaciones es la percepción.

De lo cual se puede extraer, al menos, una conclusión. La pintura y las artes fotográficas hacen cohabitar fondo y figura sobre la misma superficie. Producen este hecho sorprendente: el cuerpo limitando con lo inalcanzable. Lo que no puede suceder nunca en los mundos de vida, donde a todo fondo próximo o incluso contiguo, subyace siempre un fondo lejano, un fondo que se presume, acertadamente, más allá.

Y a este respecto, debemos mencionar, precisamente, el más insólito y evocador de los encuentros de una figura con el Fondo. Me refiero a la famosa escena del velero al final del largometraje El show de Truman de Peter Weir. Aquel instante mágico de la colisión del barco de Truman con la gran esfera, inesperado topetazo con los confines del gigantesco escenario en el que había transcurrido hasta ese momento su existencia vigilada.

Encontronazo con el fondo en

Por fin, tocar el fondo, acceder al límite por excelencia. Colocarse en la última frontera y disponer, siquiera metafóricamente, del privilegio de cruzarla, es decir, de trascender (del latín trans cendere, ir más allá).

A favor del aura.

Charles Aznavour y su copia en cera.jpg

El aura, concepto central de la estética de Benjamin, no es algo que pierda el original a instancia de su reproducción, sino que se trata precisamente del déficit característico de la copia. Por causa de la reproducción, lo que se atrofia, o más bien se extravía, no es el aura del original sino el aura de la reproducción misma. Dicho de otro modo, la reproducción carece de aura, aunque quizá sólo en la medida en que remite a un origen que no incorpora. O sea, en relación a una falta.

El aura: la más subjetiva de las cuestiones que afectan a la consideración de la obra de arte como cosa extraordinaria. No porque se carezca de elementos objetivos en la discriminación de original y copia. Sino porque se trata de aquello por lo cual la mera consideración de original, aunque sea erroneamente atribuida, condiciona una experiencia diferente.

En todo caso, donde quiera que se la halle y cualquiera que sea su temperatura, me manifiesto a su favor.

KREA expresión contemporánea
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