Mi experiencia personal de las relaciones, a menudo conflictivas, entre el rol de teórico y el de artista
10 de Julio de 2011 | 11:32 am a las 11:32 am · Clasificados en General, Trastorno mediano por Rubén Díaz de Corcuera

Miles de críticos aplicados durante un siglo entero a la obra de tan sólo algunos cientos de artistas. El corolario de este silogismo es la mitomanía de la modernidad.
Cientos de miles, quizá millones de artistas y tan solo algunos millares de críticos e historiadores para dar abasto. Ignoro qué consecuencias se pueden extraer de esta nueva circunstancia.
La historia del arte demuestra que lo que más necesitan los artistas en tanto que artistas es recibir de entrada unas buenas críticas demoledoras. Servicio que pocos críticos están dispuestos, dadas las actuales circunstancias, a prestar.
Las buenas, e incluso las malas causas, pueden convertirse en la excusa perfecta para muchos artistas mediocres. Aunque hay algunos grandes creadores de causas que merecen todo mi respeto como artistas.
Lo plástico pertenece hoy en día casi en exclusiva a la industria, por medio de ese gigante omnívoro y glotón, el diseño, inventado por el constructivismo y la Bauhaus. El artista es a menudo la víctima final de algo que él mismo concibió y contribuyó enérgicamente a impulsar.
Observo que en torno al artista hay una industria de la exposición, como en torno al indigente hay una industria de la caridad.
El arte se ha convertido en comparsa de otras disciplinas más interesantes: la semiótica, la antropología, la sociología, las ciencias políticas y morales, etc. Más interesantes, sobre todo, para las élites que las detentan.
A menudo hay más cultura en un buen libro de arte, escrito por sagaces críticos e historiadores, que en todo el arte que dio origen a ese libro, sin el cual, sin embargo, aquel no se hubiera podido escribir.
La exuberancia cultural es un lujo con el que todos los totalitarismos han intentado acabar. La contribución moral de los artistas ha sido, quizá sin proponérselo, diferenciarse, diversificarse y proliferar.
7 de Septiembre de 2010 | 6:31 pm a las 18:31 pm · Clasificados en General, Gran trastorno. por Rubén Díaz de Corcuera
La metafísica me parece la larga historia de los comentarios a la bipolaridad Realidad/Mundo introducida en el debate de las ideas por los filósofos griegos Parménides y Heráclito.
Parménides es el primer enunciador del principio de actualidad y conservación del Ser. Nada puede escapar, ni limitar, ni ser anterior o posterior al Ser. El Ser no es antes ni después, el Ser es ahora. El Ser no es esto o aquello sino lo común a la totalidad presente, incomparable e inamovible. La riqueza del Mundo, la amplia variedad de la cosas y de sus relaciones, no debe ocultarnos la extrema pobreza del Ser que es uno y el mismo.
Heráclito propone el enfoque contrario. La pobreza corresponde al Mundo, ese esquema con el que opera nuestra mente y que constituye nuestro precario nivel de acceso a la Realidad. El proceso de abstraer, operación característica del entendimiento, nos sume en el error. En realidad todo difiere de sí constantemente, de lo que resulta una riqueza infinita sobre la que la mente opera una falseadora labor reductiva. El Mundo es el dique que la mente opone a tal caudal de información.
A Parménides o a Heráclito, pueden adscribirse la mayoría de los filósofos. A uno o a otro. No hay síntesis posible a este gran trastorno bipolar, del que aún no se recupera Occidente.
9 de Mayo de 2010 | 9:01 pm a las 21:01 pm · Clasificados en General, Pequeño trastorno por Rubén Díaz de Corcuera
Rubén Díaz – Inmersiones09 from Inmersiones09 on Vimeo.
Últimos pases de Las Variaciones Solaris, Variación nº 1. Caigo en la cuenta de la plausible pertenencia de la obra a otro género pictórico clásico, el retrato. Al inicio del audiovisual, Solaris es el fondo de ninguna figura, y opera, por tanto, como esa especie de amalgama visual abstracta que se extiende en muchos cuadros entre la figura y el marco.
Pero en algún momento el fondo deviene figura. Se transforma en un objeto parcialmente reconocible. Descubrimos entonces el fondo del fondo. El fondo final. Profundo negro cósmico salpicado de estrellas con el que, sin duda, estarán familiarizados algunos habitantes sensibles del universo, aparte de los seres humanos. Supongo.
Y la figura en la que se convierte entonces Solaris se resuelve en un retrato. La representación quizá imposible, de un individuo original y único. Carente de rostro aunque no enteramente de faz o semblante.
Me parece una curiosa circunstancia que el mundo y a la vez personaje descrito por Stanislaw Lem en su célebre novela, este asombroso planeta, que actúa como pintor y escultor abstracto de su propio cuerpo, acabe por revelarse a los científicos que lo estudian, como el más realista, el más completo, de los retratistas. Que acabe por manifestarse como un incomprensible Dios replicador.
Entre el paisaje y el retrato, el paisaje que deviene retrato y el retrato que deviene paisaje, me debato.
8 de Marzo de 2010 | 12:21 pm a las 12:21 pm · Clasificados en General, Gran trastorno. por Rubén Díaz de Corcuera
Nos entregamos a este gran trastorno. Sucumbimos a él. No nos resistimos a una corrupción que puede reconducirnos de nuevo a la senda de la pureza. Y viceversa.
La corrupción se mueve bajo nuestros pies como esas placas de hielo ártico que unas veces te alejan y otras te acercan a la entelequia del polo norte geográfico, ese lugar puro, ese puro lugar.
La pureza tiene semejante capacidad movilizadora. En su nombre se emprenden las más arriesgadas expediciones. Y se producirán también catástrofes irreparables y crímenes.
Una cuestión interesante sobre la dialéctica puro-corrupto me la proporciona Pep Agut: ¿es la pureza anterior a la corrupción o es la corrupción anterior a la pureza? ¿sobreviene la pureza a instancia de la corrupción o viceversa?
Yo pienso que la corrupción es antes. Que persevera y gana. Y que la pureza es provisional, escurridiza, efímera.