Nuestro teatro es una Casa Encantada. Nuestro lugar está en la orilla, está en correr con los lobos, está con los satélites en órbita. Estamos en pedazos. Despertamos en la mesa de operaciones recuperando el aliento. Nuestros secretos ya no son nuestros. Admitimos que no somos del todo de fiar. A veces, en el escenario, ya no estamos seguros de si estamos despiertos o dormidos.